viernes, 16 de abril de 2021

Maestros resilientes para alumnos resilientes

 RESILIENCIA





El ser humano ha pasado por diversas etapas a través de la historia de la evolución que como resultado ha proporcionado no sólo productos neuronales y biológicos, sino también emocionales que lo ayudan a desarrollarse cognitiva y personalmente. Al presentarse una situación complicada ante un individuo se produce una reacción y, por ende, una emoción en respuesta a la situación. Gracias a la evolución el ser humano posee reflejos y respuestas tanto fisiológicas (activación del sistema nervioso simpático) como emocionales que le permiten resolver problemas. Sin embargo, en ocasiones se presentan fallas en el aspecto emocional, parece extraño como es que ciertos individuos son capaces de manejar mejor las situaciones que otros semejantes que pasan por situaciones adversas similares y caen en un cuadro de estancamiento, que en ocasiones incluye depresión, aislamiento, deterioro mental, e incluso pueden presentarse secuelas en distintas áreas del desarrollo (Morelato, 2011), ya que la emoción empeora la situación en lugar de ayudar a sobrellevar el evento negativo, esto ocurre cuando la emoción deja de ser adaptativa, es decir, en lugar de generar motivación al individuo para mejorar su situación, la reacción emocional se produce en mayor cantidad de la necesaria y genera en la persona un desgaste innecesario, por ejemplo, un adolescente a finales de semestre empieza a recibir múltiples tareas de sus profesores y como reacción comienza a sentirse ansioso, hasta aquí la ansiedad se presenta en una cantidad moderada y funcional, puesto que la ansiedad genera el miedo a perder el semestre y le causa al joven la motivación necesaria para que comience a realizar sus trabajos y los pueda entregar a tiempo, en otro caso distinto, el adolescente presenta ansiedad excesiva, la cual le produce mayor estrés y una mayor presión que termina siendo contraproducente puesto que provoca ataques de ansiedad, pérdida de tiempo y en el mejor de los casos el individuo termina realizando trabajos a prisa y de baja calidad, en este caso la respuesta emocional afectó de tal manera que el joven ahora no sabe qué acciones llevar a cabo para llegar a una solución. En el primer caso se ha tomado el tiempo para entrar en calma y pensar claramente en un plan para organizar su tiempo de forma que pueda cumplir con todos sus trabajos finales, el resultado es totalmente diferente. En el primer caso se muestra una conducta resiliente, antes de explicar el por qué se analizarán algunas definiciones de este concepto.




Dentro de la metalurgia, la resiliencia hace referencia a la “capacidad que los materiales tienen de acumular energía elástica antes de volverse viscosos o entrar en régimen de fluencia” (Resiliencia, Tenacidad y Fractura, 2006) es decir, cuando un material es resiliente puede volver a su forma inicial (esto gracias a la energía elástica) después de haberle aplicado presión. Cabe aclarar que el régimen de fluencia se refiere a una deformación en caso de un material sólido. Por otra parte, en osteología se entiende “resiliencia” como la capacidad que poseen los huesos al recuperarse de una fractura y volver a crecer en sentido recto. Mientras que en el campo de las ciencias sociales y específicamente en psicología, dicho concepto se refiere a “la capacidad de recuperarse de la adversidad”. (Utria, 2015). En ambas definiciones se presenta una similitud, se refieren a la resiliencia como una capacidad, como la propiedad de poder recuperarse y volver al estado inicial y permanecer estable o bien, continuar en desarrollo; presentando una analogía respecto al ámbito psicológico del ser humano, se podría decir que la resiliencia se presenta en aquellos individuos competentes que pueden mantener cierta estabilidad suficiente para superar problemas (una fractura o la aplicación de presiones) y poder avanzar en un crecimiento personal (así como los huesos que, a pesar de haber sufrido una fractura, luego de recuperarse continúan su desarrollo y crecimiento físico dependiendo de la edad cronológica), además de sobrevivir a un cambio, a la presencia de presión, o a las exigencias que pueda producir el ambiente en el que se vive.  

 “En psicología, resiliencia es la capacidad de adaptarse al estrés y a experiencias negativas de una manera saludable. […] Resiliencia es, en cambio, la habilidad de hacer frente efectiva y sanamente con sentimientos negativos que surgen de experiencias negativas, mientras que todavía se es capaz de funcionar en la vida diaria (aunque esto también incluye el reconocimiento de la necesidad de tener un tiempo fuera de las responsabilidades del día a día frente al estrés extremo, así como el tiempo de duelo necesario para llorar una muerte). (Salem Press Encyclopedia, 2018)

Con esta definición se comprende que la resiliencia no se define como la habilidad de soportar el estrés o la ausencia del miedo, si bien, sí es una habilidad pero se refiere a aquella que vuelve competente a un individuo para hacerle frente a acontecimientos negativos de manera eficiente logrando continuar con sus actividades cotidianas; de igual forma, la resiliencia también se presenta en una persona cuando esta es capaz de reconocer que requiere de un tiempo libre y/o fuera de las responsabilidades para poder enfrentar aquello que le genera conflicto y así poder adaptarse de la mejor manera, es decir, no solo permite que el sujeto continúe y se adapte sin afectar sus actividades cotidianas, sino que pueda reconocer cuando el conflicto interno requiere de atención especializada y/o una pausa.




Por lo que se logra entender que la resiliencia permite analizar la problemática objetivamente, sin exagerar ni minimizar la gravedad del problema teniendo en cuenta las posibles variables como tiempo, responsabilidades y obligaciones para llegar a formular posibles soluciones y la posibilidad de continuar con los deberes cotidianos o darse un “respiro” de la rutina sin generar más problemas o afectar a terceras personas.

El origen etimológico del término proviene del latín resilio, que significa "volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar". Dicho término ha sido adaptado a las ciencias sociales para caracterizar a aquellas personas que, a pesar de nacer y vivir en situaciones de alto riesgo, se desarrollan psicológicamente sanas y con éxito. Actualmente se hace referencia a la resiliencia como las fortalezas que ayudan a las personas, familias y/o comunidades a preservarse de los daños y recuperarse rápidamente. (Villalba y Avello, 2019).

La resiliencia pues, es aquella capacidad de enfrentar los problemas de manera emocionalmente eficiente sin generar más conflictos o exagerar una reacción negativa, utilizando los recursos (tiempo disponible, experiencias previas, redes de apoyo como familia o amigos) que el individuo posea para llegar a una eficaz solución. Dicha capacidad tiene como base el autoconocimiento, confianza en sí mismo y en su entorno, así como lucidez a la hora de analizar la gravedad de la problemática que se presenta, todo esto para lograr que al individuo le sea posible adaptarse y mantener una estabilidad emocional ante las difíciles circunstancias que pueda llegar a vivir. Como mencionan Villalba y Avello (2019), la resiliencia permite que una persona pueda perseverar y recuperarse de las caídas.





Después de haber analizado diversas definiciones, y volviendo al ejemplo del adolescente que se encuentra en la etapa final de su semestre, es posible establecer que el primer caso presenta una conducta resiliente, ya que el joven analizó su situación sin agravar ni subestimarla, y considerando sus propias habilidades para escribir ensayos, trabajar bajo presión y el tiempo de poseía, optó por actuar según la solución más eficiente que pudo formular.

Queda claro que la resiliencia brinda diversas ventajas positivas y es posible ver que es una característica propia de una persona que posee inteligencia emocional y que al mismo tiempo obtiene como resultado un desarrollo personal positivo y una estabilidad en aspectos emocionales que llevan a un estado de bienestar, por lo que es el resultado de la interacción entre los aspectos personales como el entorno, las relaciones cercanas y las virtudes individuales, incluso se ha considerado parte de un estado de bienestar como menciona (Páez, 2019): “es prioritario articular la resiliencia para potenciar la salud en general, el bienestar y la calidad de vida, enfocado en personas, grupos sociales o en instituciones”. Si bien, las escalas utilizadas para medir el grado de resiliencia de una persona se basan en ámbitos relacionados con aptitudes personales, apoyo social y el contexto cultural.

Además de estas escalas es posible ver que una persona es resiliente observando su comportamiento durante una situación de riesgo, o bien alguna adversidad, problemas, daños y/o experiencia negativa; todas estas situaciones pueden ser variadas: una pérdida significativa (la muerte de cierto familiar cercano o incluso la pérdida de una extremidad), haber sido despedido de un puesto importante de empleo, ser víctima de abuso, carecer de estabilidad económica, un divorcio, entre otras; dichas situaciones se presentan cotidianamente dentro de cualquier estado, además de eso nuestra República Mexicana es un país caracterizado por la corrupción, violencia intrafamiliar, abuso infantil, inequidad y falta de oportunidades, factores que afectan la vida de todo mexicano sin exceptuar a los que aún no inician su vida adulta. En el caso de los menores de edad, las posibles situaciones en las que se ve necesario el uso de un proceso resiliente son: “la recuperación después de la pérdida de uno de los padres, la normalización de la conducta posterior a la adopción de un niño que proviene de una institución, el éxito escolar de los niños que viven en situación de pobreza o en vecindarios peligrosos y la salud mental de niños con padres que presentan algún trastorno psiquiátrico” (Masten y Gewirtz, 2010), debido a que en estos casos los niños y niñas se ven en una difícil realidad en la que su estructura familiar se ve dañada, se presenta un cambio grande que genera incomodidad o simplemente no es capaz de asimilar tan bien los nuevos elementos que se le presentan, o perciben imposibles las exigencias de su entorno transformándolas en estrés y ansiedad, o la ausencia de seguridad que ofrece un ambiente protector.




La UNICEF (United Nations Children’s Found) realizó un comunicado de prensa en el año 2018 sobre la situación de la infancia en México donde se publicaron datos lamentables, tales como: “de los casi 40 millones de niños, niñas y adolescentes que viven en México, más de la mitad se encuentran en situación de pobreza y 4 millones viven en pobreza extrema”, lamentablemente el nivel socioeconómico afecta al bienestar de los infantes, tanto el aspecto financiero como el social puesto que de ello depende la calidad y cantidad de recursos que estén al alcance de los niños, es decir, los alimentos en los que se basa su dieta, su vivienda, los recursos que posee para enriquecer su formación académica, y como menciona Mejía (2015) “este deterioro en el desarrollo afectivo mediado por las relaciones familiares en condiciones de pobreza tiene implicaciones en problemas emocionales, particularmente en las conductas suicidas de adolescentes”. Es importante añadir que a falta de recursos materiales algunos niños optan por trabajar a muy temprana edad o inclusive son obligados por sus padres.

A pesar de que la situación de pobreza involucra diversas situaciones de potencial riesgo para niños y niñas, se ha demostrado que los infantes pueden ser resilientes incluso a esta situación económica, siempre y cuando cuenten con una relación cercana con alguno de sus padres, puesto que de esta manera le es posible poseer una red de apoyo y generar sentimientos de seguridad y protección, aspectos que funcionan como reforzadores positivos, además de producir confianza en sí mismo y en relaciones interpersonales (Morelato, Korzeniowski, Greco, Ison, 2019).




Otro resultado obtenido a partir del análisis realizado por la UNICEF fue: “6 de cada 10 niñas y niños de 1 a 14 años han experimentado algún método de disciplina violenta, y uno de cada dos niñas, niños y adolescentes sufrió alguna agresión psicológica”, a pesar de que México es caracterizado por tener un pueblo que fomenta el apoyo familiar, el abuso infantil en nuestro país es muy común e incluso ocupa el primer lugar con 5.4 millones de casos por año, siendo el estado de Chihuahua uno de los tres estados con mayor número de casos (senado de la república, 2019) y se menciona que la mayor parte de los casos se dan con un familiar cercano al infante, sin embargo no sólo en los hogares se vive violencia, dentro del ambiente escolar también se presenta ya que 40.48% de las niñas, niños y adolescentes refirieron haber sufrido algún tipo de agresión en la escuela, de las cuales nueve de cada 10 fueron golpes, puntapiés y agresiones verbales (UNICEF, 2018).





En lo que respecta la educación, “alrededor de 4.8 millones de niñas, niños y adolescentes (NNA) de entre 3 y 17 años no asisten a la escuela. Las poblaciones en edad de asistir a educación preescolar y a EMS (de 3 a 5 y de 5 a 17 años, respectivamente) tienen las tasas más altas de inasistencia” según INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación) en su informe “la educación obligatoria en México” (2019). También se toma en consideración este aspecto puesto que dentro de la escuela se pueden encontrar fuentes de apoyo, ya sea con un profesor de confianza o con los compañeros, por otra parte, el infante tiene la oportunidad de desarrollar y fortalecer sus habilidades interpersonales socializando con sus semejantes dentro del ambiente escolar, así mismo al no estar recibiendo una formación académica los niños son más propensos a vivir situaciones de riesgo ya que el tiempo que se debería dedicar a la escuela se utiliza para realizar actividades fuera de casa o incluso podrían menores de edad estar trabajando en condiciones precarias y con bajos sueldos, el trabajo infantil es ilegal por lo que generalmente produce consecuencias graves para los menores de edad, tales como abuso físico y psicológico, jornadas que no se adaptan a los horarios escolares, exposición a riesgos sin medidas preventivas como el uso de guantes, cascos, entre otras; es claro que la noción de riesgo destaca los efectos que esta inserción prematura en el mercado de trabajo puede acarrear tanto la salud física como mental del menor, por lo que el riesgo puede asumir formas variadas en cada sector productivo” Hernandez, Nazar, Salvatierra (2016).

Con los datos anteriores queda más que claro que la situación para los niños mexicanos no permite un estado de tranquilidad es por ello que en el presente trabajo nos concentraremos en lo que respecta a la resiliencia infantil lo cual no es ni más ni menos que lo anteriormente mencionado aplicado en individuos que están pasando por la etapa de infancia intermedia (de los seis a los doce años) y más específicamente a los 10 años. Puesto que, a pesar de encontrarse en una etapa inicial de la vida, los infantes no se privan de situaciones de riesgo o de estrés. Cabe señalar que, si es verdad que ciertos acontecimientos pueden afectar negativamente a un individuo en edad adulta, en los infantes que están en desarrollo no solo físico, sino también en desarrollo de su personalidad puede que incluso haya mayor probabilidad de que padezcan consecuencias en cuanto a su bienestar psicológico. Feldman (2008) menciona: “¿cuáles son las consecuencias del maltrato psicológico? Algunos niños son lo suficientemente resilientes como para sobrevivir al abuso y crecer para llegar a ser adultos psicológicamente sanos. Sin embargo, en muchos casos, las consecuencias son daños perdurables”. Otros estudios también mencionan los graves efectos que puede producir el maltrato infantil incluso en la edad adulta, así como también mencionan Amores y Mateos (2017) al referirse a las consecuencias que presentan los infantes víctimas de negligencia, indiferencia parental, establece que: “se correlacionan con problemas similares a los revisados, como son la baja autoestima, problemas de socialización, dependencia, inestabilidad emocional, incapacidad de empatizar y una visión amenazante y negativa del mundo” Amores y Mateos (2017). Por lo tanto, aquellos infantes víctimas de abuso físico o psicológico, incluso que hayan pasado casos de negligencia, si no tienen a su alcance los factores que influyen en el proceso de la resiliencia (tanto intrínsecos como sociales) probablemente tampoco logren superar un evento negativo en su etapa de adultez.

Es relevante mencionar qué aspectos del desarrollo se observan en individuos ubicados en esta etapa, en el aspecto cognitivo se presenta el surgimiento del pensamiento operacional concreto y la lógica aplicada a problemas concretos, otro aspecto que se vuelve más complejo es el lenguaje, el cual tiene una relación con el autocontrol de los niños ya que puede funcionar como herramienta ante situaciones que les exijan mantenerse quietos o esperar. Por otra parte, según la teoría de Erickson en esta etapa del desarrollo los individuos presentan esfuerzos por lograr la competencia (haciendo referencia al hecho de ser competente, no de competir con sus semejantes) y enfrentar los desafíos que presentan los padres, los pares, la escuela y las posibles complejidades del mundo, además de esto, los niños empiezan a comprender quienes son, no en un grado tan alto como lo harán durante la adolescencia pero comienzan a buscar su lugar en el mundo y a generar su propio autoconcepto el cual es clave para el desarrollo del autoestima, en este último aspecto los infantes comienzan a identificarse no solo con sus habilidades físicas (por ejemplo, “soy buena dibujando”) sino también con rasgos psicológicos, por ejemplo, “yo soy inteligente y también soy amable”. Además, junto con este constructo del yo, también se tiende a realizar una comparación social por medio de la cual los infantes se evalúan (en el aspecto académico, físico y social) a sí mismos comparándose con individuos similares a ellos, generalmente compañeros de escuela o amigos. A partir de todo lo anterior los niños desarrollan su autoestima (autoevaluación global y específica) la cual puede brindar una visión positiva o negativa de sí mismo. (Feldman, 2008). Todos estos aspectos de la personalidad influyen en el proceso de la resiliencia que como ya se ha mencionado anteriormente, tiene como base la resolución de problemas, un buen grado de autoestima y confianza en las propias habilidades para salir adelante.

Se puede encontrar argumento en lo que mencionan Morfín y Sánchez (2015):

Esta interacción de factores (los genéticos, los ambientales, los socioeconómicos, los culturales y los familiares) puede tener efectos a mediano y largo plazo para la vida de los sujetos, propiciando que los niños y los adolescentes puedan ser sujetos más adaptados a sus contextos socioeconómicos, puedan superar sus condiciones de vulnerabilidad o bien exacerbarlas, dificultando de manera significativa su desarrollo. (Morfín, Sánchez, 2015).

Claramente el contexto ambiental afecta al desarrollo emocional tal y como diversas teorías psicológicas lo han establecido, cabe aclarar que las consecuencias de las experiencias vividas no solo traen consigo consecuencias negativas, sino que, dependiendo del evento puede tener un efecto ya sea positivo o no. Como anteriormente se ha mencionado, la resiliencia brinda la capacidad de recuperarse de un acontecimiento negativo, ahora bien, ¿la resiliencia posee bases biológicas, o bien, puede ser desarrollada a lo largo de la vida de una persona? Al ser la resiliencia un proceso en el que interactúan diversos factores tanto externos como internos, no puede considerarse como innata, sustentando con lo que menciona Gothberg (2002): “… tampoco es una cualidad innata, de algunas personas y grupos sociales, dado que se puede desarrollar, incrementar y fortalecer, a partir de identificar e incentivar las potencialidades, fortalezas y recursos”. Como se determinó en los primeros párrafos, la resiliencia es una habilidad, es decir, una cualidad desarrollada (recordando que las diferencias entre aptitud y habilidad en que la primera se caracteriza por ser innata, mientras que una habilidad se desarrolla a través de la práctica), por ende, la resiliencia puede obtenerse por medio de los recursos que el entorno brinde al individuo y otro que el mismo ya posea, como se menciona en la cita anterior los distintos factores que interactúan en la vida del individuo determinan la manera en que éste reaccionará a futuras situaciones problemáticas, ya sea de manera resiliente o exagerando los problemas e incluso creando mayores dificultades.

Así como también mencionan Haskett, Nears, Ward y McPherson (2006) en su investigación sobre la diversidad de adaptación entre niños maltratados donde se proporciona un resumen de los factores asociados con el funcionamiento resiliente entre niños abusados y desatendidos. Estos factores incluyen características individuales de los niños (por ejemplo, procesos autorreguladores), características del contexto familiar del infante (por ejemplo, un estilo de crianza de apoyo), y experiencias en el entorno más amplio (por ejemplo, amistades cercanas). Con lo anterior es posible mencionar que, si bien una persona no posee la habilidad de ser resiliente, puede desarrollarla a partir de los recursos que su ambiente le brinde, en el caso de los infantes se puede encontrar dichas herramientas en dos principales lugares: el entorno familiar y en el área escolar (Luthar, Cicchetti, Becker, 2000). Cabe aclarar que, al crecer como una persona resiliente esta habilidad no permanece inmutable, es decir, al componerse de factores tanto intrínsecos como externos al individuo no puede asegurarse que posea dicha habilidad el resto de su vida puesto que las redes de apoyo pueden cambiar o bien desaparecer. Como menciona algunos autores, la resiliencia no es una “característica absoluta”, es decir, una vez que se obtiene no es seguro poseerla toda la vida, esto debido a que la resiliencia es el resultado de un proceso dinámico e incluso evolutivo que tiene como elementos algunas variables individuales, de la familia o relacionadas al entorno social, entre otras. (Vera, Carbelo & Vecina, 2006; Llistosella, 2018).

En el trabajo de Utria (2015) se mencionan algunos factores para desarrollar esta capacidad para superar y enfrentar situaciones adversas: personales, cognitivos y afectivos, psicosociales. Así mismo, señala algunas características que se pueden encontrar en una persona resiliente, las cuales son las siguientes: respuesta al peligro, madurez precoz (autonomía), desvinculación afectiva, búsqueda de información, obtención y utilización de relaciones que ayuden a subsistir, anticipación proyectiva positiva (esperanza), decisión de tomar riesgos, convicción de ser amado (autoestima), idealización del rival, reconstrucción cognitiva del dolor, altruismo (placer de ayudar a otros), optimismo. Inclusive se ha mencionado que el factor espiritual influye en el proceso de sobresalir de un evento desafortunado, es decir, la resiliencia; esta premisa se sustenta en con la interminable búsqueda de sentido que presenta el ser humano durante su vida y especialmente en momentos de sufrimiento (Redondo, Ibañez, Barbas, 2017) ya que es en lo que intervienen las ideologías religiosas puesto que dan una causa y motivo a la existencia del individuo, inclusive funcionan al dar consuelo ante la pérdida de un ser querido o la propia muerte.

En lo que respecta a la resiliencia en niños, es necesario que posean un yo fortalecido, creatividad y cuente con la suficiente confianza en sí mismo y en las personas de su entorno para que el infante logre generar diversas soluciones ante la presencia de un problema. (Morelato, Korzeniowski, Greco, Ison, 2019). Otros estudios señalan factores importantes como la verbalización del problema, baja sintomatología, apoyo familiar y de la comunidad (Morelato, 2013). Cada uno de los aspectos anteriores tiene una función durante el proceso de adaptación, en primera instancia la verbalización del problema ayuda a delimitar el conflicto real de manera que se evita minimizar o caer en exageraciones, posteriormente si se cuenta con el apoyo familiar y social así como la confianza en sí mismo y en dichas relaciones se puede formar un ambiente de protección para el infante, contando con la baja sintomatología y la creatividad, se le posibilita el generar diversas soluciones y la decisión por la más eficiente.

Algunas escalas psicométricas utilizadas para medir el nivel de resiliencia con el que un infante cuenta se basan en aspectos personales, tales como el temperamento, etapa de desarrollo en la que se encuentra, habilidades de resolución de problemas, autonomía, satisfacción, voluntad; y aspectos del medio social, como manejo de relaciones interpersonales, contar con padres o un tutor competente, redes de apoyo, empatía, contexto cultural. (Fonagy, Steele, Higgitt, Target, 1994; Saavedra, Castro, 2009). Cabe aclarar, que las escalas miden factores que son implicados en el proceso de resiliencia sin embargo para conocer con certeza si una persona es resiliente es necesario tener la experiencia empírica de haber sido adaptable a un cambio luego de una tragedia o duelo, así como establecen Masten y Gewirtz (2010): “un niño que se desarrolla en forma armónica puede ser percibido como adaptable o competente, pero no necesariamente manifestar resiliencia, a menos que haya sobrepasado el umbral explícito o implícito, de riesgo o amenaza”, es decir, aun mostrándose en un estado de bienestar, la resiliencia se da a conocer al momento de afrontarse y adaptarse positivamente.

Trabajo elaborado por Paula Machuca, estudiante de sexto semestre de psicología en la UACJ, 2021. 

Referencias bibliográficas.

Alvarán López, Sandra; Carrero Torres, Cindy; Castellanos Triviño, Héctor; Pinilla Lopez, Heydi. 2019. Resiliencia infantil y pensamiento multidimensional como factor de transformación social. Colombia.

Amores Villalba, Alejandro; Mateos Mateos, Rocío. 2017. Revisión de la neuropsicología del maltrato infantil: la neurobiología y el perfil neuropsicológico de las víctimas de abusos en la infancia. Universidad Complutense de Madrid, España.

Castro Ríos, Ana; Saavedra Guajardo, Eugenio. 2010. Desarrollo infantil en contextos de pobreza y resiliencia. Universidad Católica del Maule, Chile. 

Castro Ríos, Ana; Saavedra Guajardo, Eugenio. 2009. Escala de Resiliencia Escolar (ERE) para niños entre 9 y 14 años. (p. 39).

Feldman, Robert. 2008. Desarrollo en la infancia. University of Massachusetts at Amherst. (p. 318-357). Pearson Educación. México.

Fonagy, P., Steele, M., Steele, H., Higgitt, A., Target, M. 1994. The Emanuel Miller Memorial Lecture 1992 The Theory and Practice of Resilience. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 35: 231-257.

Fondo de las Naciones Unidas para la infancia UNICEF México, 2018. Los derechos de la infancia y la adolescencia en México. (p. 18-157).

Grotberg E. 2002. Nuevas tendencias en resiliencia. Descubriendo las propias fortalezas. Argentina.

Haskett, Mary; Nears, Kennard; Ward, Caryn; McPherson, Andrea. 2006. Diversity in adjustment of maltreated children: Factors associated with resilient functioning. Clinical Psychology Review. Volume 26, Issue 6, (p. 796-812).

Hernandez Pilicastro, Lucrecia Magdalena; Nazar Beutelspacher, Austreberta; Salvatierra Izaba, Benito. 2016. Riesgo y vulnerabilidad social en el trabajo infantil femenino en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Universidad Intercultural de Chiapas. México.

Junta de Gobierno. Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. 2019. Informe “La educación obligatoria en México.” México.

Llistosella Piñero, Maria Creta. 2018. Evaluación de la resiliencia en niños, adolescentes y jóvenes. Análisis de las propiedades psicométricas de la escala Child Youth Resilience Measure(CYRM-32). (p. 39-153). Universidad Autónoma de Barcelona.

Luthar, Suniya; Cicchetti, Dante; Becker, Bronwyn. 2000. The Construct of Resilience: A Critical Evaluation and Guidelines for Future Work. Childhood development. Volume 71, Number 3, (p. 543–562). Department of Human Development, Teachers College Box 133, Columbia University, 525 West 120th Street, New York.

Masten, Ann; Gewirtz, Abigail. 2010. Resiliencia en el Desarrollo: La Importancia de la Primera Infancia. University of Minnesota, EE UU.

Mejía Arauz, Rebeca. 2015. Desarrollo Psicocultural de Niños Mexicanos. ITESO. Guadalajara, México.

Morelato, Gabriela. 2011. Maltrato infantil y desarrollo: hacia una revisión de los factores de resiliencia. Universidad del Aconcagua, Mendoza, Argentina.

Morelato, Gabriela. 2014. Evaluación de factores de resiliencia en niños argentinos en condiciones de vulnerabilidad familiar. Universidad del Aconcagua. Mendoza, Argentina.

Morelato, Gabriela; Korzeniowski, Celina; Greco, Carolina; Ison Mirton. 2019. Resiliencia Infantil: Intervención para promover recursos en contextos vulnerables. Revista Costarricense de Psicología Vol. 38, N.º 2, p. 207-208. Instituto de Ciencias Humanas Sociales y Ambientales (INCIHUSA), Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua, Argentina.

Morfín, Teresita; Sánchez, Miguel. 2015. Factores familiares y socioculturales en el desarrollo afectivo de niños y adolescentes mexicanos: su influencia en las conductas suicidas. Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente. Repositorio Institucional ITESCO. México.

Paez Cala, Martha. 2019. La salud desde la perspectiva de la resiliencia. Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Manizales. Manizales, Colombia.

Redondo Elvira, Tamara; Ibañez del Prado, Celia; Barbas Abad, Sara. 2017. Espiritualmente resilientes. Relación entre espiritualidad y resiliencia en cuidados paliativos. Madrid, España.

Resiliencia, Tenacidad y Fractura, marzo de 2006. https://ajmoreno.webs.ull.es/resistencia%20de%20materiales/Resistencia_files/Resiliencia.pdf

Romero Barquero, Cecilia; Saavedra Guajardo, Eugenio. 2016. Impacto de un programa recreativo en la resiliencia de estudiantes de 7° grado de un colegio primario. Universidad Católica del Maule, Chile.

Salem Press Encyclopedia. 2018. 2p.

Senado de la República LXIV Legislatura, foro “Violencia Sexual Infantil y Adolescente: Retos Legislativos”. 2019. México, primer lugar en abuso infantil. Boletín NO. 2136.

Utria, Leider. 2015. Resiliencia en mujeres víctimas del desplazamiento forzado. Universidad del Norte, Bogotá. (p. 35).

Vera Poseck, Beatriz, & Carbelo Baquero, Begoña, & Vecina Jiménez, María Luisa. 2006. La experiencia traumática desde la psicología positiva: resiliencia y crecimiento postraumático. Papeles del Psicólogo. Madrid, España.

Villalba Condori, Klinge Orlando; Avello Martínez, Raidell. 2019. Resiliencia como factor determinante para la satisfacción con la vida en estudiantes universitarios. Universidad Nacional de San Agustín. Arequipa, Perú. 


sábado, 9 de mayo de 2020






¿Cuál es el camino para llegar al cielo?

Cuando Cristo dice Yo soy el camino, no se refiere únicamente a su persona, sino también a seguir su ejemplo dado a sus discípulos y a todos nosotros.

¿Quién es Jesús? ¿Qué hace Jesús?

Jesús fue un hombre que vivió plenamente su vida, aunque nació en una familia pobre, fue rico en amor, en cuidados y en atenciones. Jesús, cuando inició su vida pública lo primero que hizo fue devolverle la dignidad a las mujeres, dándoles importancia y valor. Las escuchaba, las perdonaba, les llenaba el corazón con sus palabras, no como un don Juan que solo seduce para después abandonar, ¡no! El Señor es cercano, amigo, dispuesto a levantar sin juzgar a la mujer adúltera, a la pecadora que llora a sus pies, a Marta y María ante la pérdida de Lázaro se muestra cercano, fraterno, amigo que llora por el dolor y la perdida de Lázaro, ese es Jesús.

Este hombre devuelve la vista al ciego, acoge al leproso, sana, cura heridas, se junta con lo peorcito del mundo, porque, aunque no cometió pecado, ama entrañablemente como su padre, al pecador, al arrepentido, al solo y abandonado. Jesús siempre buscando a la oveja perdida, al hijo prodigo, a aquel que es rechazado por el mundo. Ese es Jesús. ¿Y qué hizo? Exactamente esto fue lo que hizo, ser uno para todos, donarse y entregarse por todos.



¿Cuál es el camino para ganar la vida eterna? Los estudiosos, como el joven rico dirán, cumplir los mandamientos, seguir las normas eclesiásticas, la moral, lo puritano, lo legalista, etc. Sin embargo, el mismo Jesús corrige al joven rico diciéndole: “solo una cosa te falta, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, después, ven y sígueme”.

Cristo nos dice YO soy el camino, la verdad y la vida. Lo que hace Jesús es darnos ejemplo, con su vida, sus acciones y sus palabras, todos estos aspectos unidos y coherentes.

En este tiempo pandémico, cual es el camino, cual es la verdad y cuál es la vida. Estamos asustados, el coronavirus está cada vez más cerca de nosotros, ya hay personas cercanas a nuestro alrededor y en nuestro círculo social infectados, algunos solo con manifestaciones de gripa, pero otros muchos luchando por su vida en los hospitales. ¿Qué podemos hacer nosotros? La oración es lo principal, seguir levantando los ojos al cielo, a nuestro Padre del cielo, seguir buscando una palabra de aliento en las sagrada escritura, pero también, no ser ajeno a lo que le pasa a mi hermano, vecino, prójimo.
Mientras el hombre no entienda que forma parte de la misma humanidad y la misma fragilidad, no podremos avanzar para vencer este virus ni para formar una ciudad, un país y un mundo mejor donde reine el bien común, el bienestar de los pueblos, de las gentes, de ricos y pobres, de sanos y enfermos, mientras las diferencias sigan el mundo no logrará avanzar.


¿Cuál es el camino para ganar la vida eterna? El amor, la solidaridad, la fraternidad. Y Jesús con su vida manifestó eso: Jesús amó hasta el extremo, hasta el dolor; fue capaz de compartir su vida con la humanidad entera para salvarla, fue y es el amigo y el hermano mayor por excelencia. ¿No deberíamos ser nosotros iguales? Alguien dirá, ¿y que hace la iglesia ante esta situación, como ayuda? Ah que bueno que lo preguntas, porque la iglesia eres tú y yo, y todos. Así que, oremos unos por otros, que el pan que Dios nos da cada día pueda extenderse un poquito más, como bien dicen las señoras de antes, que no se amedrentan ante los temores de este mundo; “hay que echarle más agua a los frijoles”.



No esta demás recordarte las palabras de Jesús: que no se turbe tu corazón, porque cuando anida el miedo, la desconfianza, y la angustia por el futuro en tu corazón, te bloqueas y no dejas que Dios actúe, no dejas que Dios haga su obra en el mundo a través de ti.
Seguimos insistiendo, en los supermercados cuando vas y compras tu despensa, da gracias a Dios porque tienes dinero para comprar comida, pero, recuerda que hay muchos, cientos o miles que no tienen que comer en este día, que realmente les cala el hambre y no hay nada que comer. ¿Cuál es el camino para ganar el cielo? Comprar un arroz extra, una salsa extra, un frijol o sopas y echarlas en un recipiente para que alguien necesitado coma uno o dos días. Así lo hizo Jesús, cuando de cinco panes y dos peces comieron más de cinco mil hombres.



Por último, no juzgues, nos quejamos porque hay mucha gente en sams, en la fila de la cerveza, en el cotsco o en el Gonzales, por alguna razón las personas salen, se arriesgan, y arriesgan a otros, pero no nos toca a nosotros juzgar, has como yo, señor bendícelos a todos ellos y que no se enfermen, que estén sanos y que disfruten este regalo que se llama vida.
¿Qué haría Jesús en estos tiempos de pandemia? Probablemente sería médico, o enfermero, o un asalariado que tiene que salir todos los días a trabajar para partirse la vida y el alma por el bien de su familia y de todos los demás, porque la vocación de Jesús, siempre sería la de donarse, entregarse y sacrificarse por alguien, lo merecieran o no, se lo pidieran o no.


Queridos hermanos y hermanas, que no se turbe su corazón, disfruten este día, si están en familia disfruten la cercanía de aquellos que están en casa, apaguen celulares, platiquen, compartan la vida, compartan sueños, ilusiones, hagan planes para el futuro, proyectos, que les gane la ilusión de que cuando esto termino, serán diferentes, seremos diferentes, y sobre todo, eleva una oración al cielo, por el pan, por el techo, por la salud, y por el amor de la familia y si la madre está viva, celébrale su vida, permitiéndole descansar y disfrutar de este día.
Feliz día de las madres, feliz día del amor representado en una mujer madre-esposa-amiga y maestra.




miércoles, 22 de abril de 2020




Descripción sobre el video de psicoterapia de premisas

A propósito del tema anterior de la clase sobre la argumentación, la terapia de premisas es una propuesta interesante para ayudar a las personas a descubrir cuáles son esas pautas de comportamiento que adquirieron y que les trae una serie de problemas que no han podido superar.
Lo primero que se tiene que hacer en las primeras sesiones es escuchar amablemente al paciente, sus  quejas, sus  problemas, indicarle la necesidad de que exprese sus sentimientos y porque cree que tiene ese problema. Estamos en la etapa del diagnóstico.



El terapeuta debe estar muy enfocado en todo lo que platica el paciente para identificar cual es la pauta de comportamiento; ubicamos que el problema por el que la persona fue a buscar ayuda no es todo sino una parte que se repite una y otra vez a lo largo de la vida del paciente. Estos comportamientos se han repetido antes, pudiéramos considerar que la persona está en un círculo; hay un comportamiento base que gira alrededor del problema.
El terapeuta debe ayudar con preguntas para que el paciente tenga claro los sentimientos y emociones que acompañan estas pautas de comportamiento, descubrir también, que pensamientos se hacen presentes cuando ocurren los problemas, y que creencias están involucradas con la situación que aqueja a la persona.

Lo ideal es que se empiece a observar en que periodos se presenta esta pauta de comportamiento y bajo que contexto, y si es solo un contexto o varios. Para este trabajo, el terapeuta debe ayudar al paciente a un trabajo de rastreo; en este momento es importante que el individuo se sienta parte colaboradora de la solución, ya que solo él es experto en las situaciones/problemas de su vida. Este rastreo se hace del presente al pasado y se escudriña  cómo se ha presentado su problema anteriormente, su génesis.



La familia es parte central y fundamental en la mayoría de las personas, por eso, hay que examinar  cómo era la familia, el trato que los demás le daban, como recibía el afecto; después de este trabajo, revisar  lo que hoy es un problema, en su génesis, fue una manera en que  la persona respondía o se adaptaba a la situación, y tal vez, era funcional para el ese comportamiento en esos momentos.
El terapeuta elabora una hipótesis que guiará el trabajo terapéutico, cuando logró no solo identificar las pautas de comportamiento, sino descubrir también que premisas fueron guiado la vida del paciente, como aprendió su manera de relacionarse con los demás, que creencias están bien arraigadas y surgen cuando se presenta el problema.

Tanto las premisas, creencias y valores forman parte de la estructura mental de todos nosotros. Cuando cambia la estructura mental, por defecto, cambian las pautas de comportamiento que  tenemos hacia el exterior.

El terapeuta debe tener claro que esta hipótesis es falseable, y que pueden surgir modificaciones o ajustes en el proceso, pero, es indispensable la colaboración del paciente.

En el tratamiento, hay que entender y comprender cómo es que este comportamiento (autodestructivo, que causa dolor, o me hace ruido) no es algo que yo quiera hacer porque soy malo, sino que fue aprendido, fue adaptativo para responder a la realidad dolorosa que tal vez estaba viviendo en alguna etapa de mi vida.

El terapeuta ayudará con técnicas para cambiar las premisas (ideas generales que las personas tienen sobre su vivir y que guían su comportamiento actual).

Se da un protocolo de técnicas. En los videos nos mostraban en la evaluación lo siguiente: identificación de las pautas de comportamiento, evolución de las pautas de comportamiento y el entorno primario: familia de origen, infancia y adolescencia.
En el tratamiento, esta de base la hipótesis,  donde  deben estar claras las premisas, creencias y pautas de comportamiento.

En el protocolo trabajamos con las premisas, se desacreditan las premisas, las creencias y después de un tiempo, se hacen los ajustes necesarios hasta que se logre el proceso de estabilización de la persona.

Cuando cambian las premisas, o en términos generales las estructuras mentales, cambiarán las pautas de comportamiento. Lo que tendrá que hacer el terapeuta es seguir acompañando al paciente hasta que la nueva pauta de comportamiento se vuelva estable.

Me parece una buena propuesta de terapia, pero, en mi poca experiencia, no sé si sea aplicable también a las personas que tienen un trastorno psicológico que requiera de terapia clínica, o si esta terapia sea parte de la clínica. En lo que si estoy de acuerdo, es que algunos de nosotros recibimos información falsa cuando éramos niños, y nunca cuestionamos nada sobre ello, pero cuando ya somos adultos, no sabemos porque siempre nos comportamos de la misma manera cuando llegan ciertos problemas a nuestra vida, porque elegimos a la misma clase de amigos, o a parejas con los mismos rasgos y formas de ser.

En lo particular, mi niñez fue muy compleja, aprendí que no era una persona deseada, que no valía la pena, por tanto, la información que recibía de mi familia nada tenía que ver con aceptación y amor. Crecí inseguro y con miedo, luego en la adolescencia, al recibir bullying, todo esto se fue afianzando más en mí.

Crecí siendo una persona tímida y solitaria. Sin embargo, ya entrado a la juventud, al descubrir que miraba mi vida solamente sombría y sin color, un sacerdote empezó ayudarme a ver la vida de otra manera, a que podía ser feliz, me ayudó a contemplarme digno de amor, de respeto y aceptación.
Cuando inicie una terapia llamada análisis transaccional, pude descubrir que mi familia me daba lo que podía, me amaban a su manera, me di cuenta de que la manera como me comportaba, tímido y callado era algo aprendido que me funcionaba para que no me lastimaran. Aunque la historia es muy larga, descubrí que no hay culpables, que las ideas que nos hicieron creer o que nosotros mismos nos creamos, esas premisas, que nos llevaron a pautas de comportamiento no sanas, se podían modificar.
El pasado nunca debe determinar y afectar el presente y el futuro.

Así que mi critica es positiva sobre esta terapia de premisas, sé que habrá pautas comportamientos que sean más complicados de modificar, porque tenemos muy arraigadas ciertas creencias morales, religiosas, y culturales que no nos dejan permitirnos ser diferentes y libres, pero, al momento de que nos hacemos responsables de nosotros mismos y al darnos cuenta de que la manera como soy y actúo ya no me funciona, porque sigo sufriendo y hago sufrir a otros que amo, es tiempo de hacer una parada y replantear la vida.

miércoles, 1 de abril de 2020





Miércoles V de Cuaresma

·         Tú me liberas, Señor, de la ira de los pueblos, me haces triunfar sobre mis adversarios y me salvas del hombre malvado
·         Pues el Dios a quien servimos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos; y aunque no lo hiciera, sábete que de ningún modo serviremos a tus dioses, ni adoraremos la estatua de oro, que has mandado levantar.
·         Bendito eres tú, Señor, que penetras con tu mirada los abismos y te sientas en un trono rodeado de querubines.
·         Si se mantienen firmes a mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad y la verdad los hará libres.

Oración
Oh Espíritu Santo
Creador y dador de vida
Al contemplar la naturaleza
Obra de tus manos, yo me pregunto ¿Qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué es el ser humano para darle tanto poder?
Espíritu Santo, muéstrate benigno con tus creaturas, haznos comprender la grandeza de Dios y la pequeñez nuestra, para que de una vez por todas, nos rindamos a ti, al Padre y al Hijo, y podamos comprender que el mal en el mundo, no tiene tu origen en ti, sino en nosotros. Nadie es culpable, pero sí, todos somos responsables.

Homilía

Acabo de ver un video de unos camellos felices, contentos, jugando a la orilla del mar en una playa desierta de personas, también, contemple la hermosa imagen de miles de tortugas volviendo del mar a la playa para poner sus huevos. Dicen que los animales se están comportando de manera extraña, algunos dicen que los animales presienten algo, yo creo que la naturaleza está cambiando, el mundo está resintiendo que las personas estén quedándose en casa. Es bueno para el mundo y también para nosotros. Volver a Casa es siempre volver al origen, a nuestras raíces, a ese lugar que ansias llegar después de una gran jornada de trabajo, después de días de vacaciones, ese espacio que te da seguridad, tranquilidad, estabilidad. Algunos tienen casa, otros no, pero sea donde sea el lugar donde vives, es tiempo de estar en Casa y fortalecer tu confianza y fe en Dios.

La primera lectura me es muy grata para mí, porque estos muchachos Sedrak, Mesak y Abednegó se mantienen firmes en la adoración al Dios Yahvé, están dispuestos a morir antes de postrarse y adorar a otros dioses.

Cuando Nabucodonosor les pregunta sobre el porqué no quieren servir a sus dioses, y la amenaza de llevarlos al horno encendido, estos muchachos contestan con firmeza: El Dios al que servimos puede librarnos del horno encendido y nos librará de tus manos; y aunque no lo hiciera, sábete que de ningún modo serviremos a tus dioses.

Que hermosa confianza nos muestran estos muchachos cargados de fe y esperanza en la vida más allá de la muerte, que no tienen miedo de morir, sino de fallar a sus convicciones profundes de fe y de amor a Dios. Ellos saben que Dios puede librarlos del horno encendido y de cualquier cosa, que Yahvé es todo poderoso. Pero, ellos mismos contestan: Y aunque no lo hiciera…
La fe implica tener la certeza de aquello que no vemos, y estos muchachos son ejemplo de que pase lo que pase, incluso si no fuera lo que ellos quisieran, nunca adorarían y se postrarían ante otro dios.
Hoy hermanos, en esta misa, hagamos nuestra esta convicción, Señor, si tú quieres, puedes librarnos del horno encendido, de la enfermedad, de la peste, del hambre, de la crisis y la muerte, si tú quieres, yo sé, yo creo y yo espero que tú me libraras de la muerte funesta, si así te parece bien.

Hoy más que nunca debemos volver a nuestras raíces, en casa nos enseñaron los primeros pasos en la fe, la oración básica por excelencia del Padrenuestro y la oración cariñosa a María Santísima. Es momento de al estar en casa, ponerte a pensar que lo más valioso no es aquello que tienes, sino a quien tienes contigo a tu lado, que no sabrías que hacer si alguno de ellos se te fuera repentinamente por una enfermedad o por otra razón.

Es tiempo de echar raíces en casa, de fortalecernos mutuamente, dejar que la naturaleza siga su curso, y que nosotros nos mantengamos firmes a la Palabra de Jesús, para ser considerados sus discípulos y conocer la verdad y que la verdad nos haga libres.

Elevamos nuestra oración por todos aquellos que literalmente están muriendo en el mundo por esta enfermedad, por países hermanos como USA, Italia, China, España y tantos países del mundo que están perdiendo vidas humanas.

Porque para nosotros y para Dios toda vida cuenta, cualquier vida cuenta, una vida cuenta. Las guerras, el hambre, la falta de solidaridad nos da cuenta de lo que es el hombre, pero ahora esta enfermedad, nos va dando cuenta de lo que no es el hombre: el hombre no es la medida de todas las cosas, el hombre no es el que pone la última palabra, porque hasta para decidir sobre nuestra vida, el único que tiene la última palabra sobre nosotros es Dios.

En Casa, crece en la fe, crece en el amor y en la Esperanza. Todo estará bien y aunque así no fuera, para Dios, todo estará bien porque su plan es mayor que los planes que tenga el mundo.





domingo, 29 de marzo de 2020

Construcción de textos


Del evangelio según san Juan (cfr. Cap 11)

• Señor, el amigo a quién tanto quieres está enfermo
• Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el hijo de Dios sea glorificado por ella.
• El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque le falta la luz.
• Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo.
• Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo aquel que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?
• Jesús se puso a llorar y los judíos comentaban: “de veras ¡Cuánto lo amaba!



Reflexión sobre el texto bíblico del evangelio de San Juan

No puedo empezar mi reflexión sin estar sumergido en esta preocupación sobre el covid-19, ya los medios se han encargado de informarnos y sobre-informarnos acerca de esta pandemia internacional que abate a todos sin distinción de clases, género o creencia religiosa.

Nos hermana a todos la fragilidad, nuestros cuerpos débiles y propensos a enfermarse y no sobrevivir. Nos llegan muchos temores a nuestra mente, dudas, inseguridad, angustia, y nostalgia por lo que antes teníamos y no valoramos lo suficiente: la capacidad de abrazar de corazón a los nuestros, a los amigos, la cercanía con los hermanos, con los padres y con todo semejante. Por seguridad, por sobrevivencia, por amor a los otros tenemos que estarnos lo más posible en casa, este virus nos ha quitado la libertad de salir libremente, de visitarnos, de alegrarnos y de compartir con amor en la cercanía física. Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.

En medio de esta situación, descubro que la Palabra de Dios es siempre actual y viva en cada momento histórico, porque mientras exista el hombre, la Palabra de Dios no callará ni se detendrá.

El Papa nos ha dado ejemplo grandioso de esto; interpretando el texto de Jesús en la barca, mientras los discípulos angustiados por la tormenta y por el movimiento de la barca (simbolizando la vida en peligro),  dice el Papa que nuestro Señor dormía, al despertarlo, Él se hace cargo de la tempestad y en forma de reclamo les pregunta asus discípulos: "¿Por qué tienen miedo? ¿Acaso no tienen fe?".

Este texto interpretado por el Papa interpeló hondo a todos los creyentes católicos y tal vez a uno que otro no creyente, agnóstico o ateo. Como siempre la Palabra de Jesús nos llegó y caló profundamente a todos los desconfiados y miedosos (me sumo entre ellos).

Hoy domingo el texto del evangelio de san Juan es maravilloso, y todos pudiéramos encontrar grandes mensajes de esperanza en este pasaje para este presente tan sombrío. El texto es sobre Jesús que tenía a su amigo Lázaro enfermo, hermano de Marta y María; ellas le mandan a decir a Jesús: “el amigo que tanto amas está enfermo”.


Llama la atención que en el texto, Jesús aunque se pone en camino, no llega inmediatamente, dice el texto que se tardó dos días más en aquel lugar. Para mí esto es sorprendente, no lo había visto anteriormente, Jesús no responde pronto a las hermanas, él tiene su tiempo, él sabe cuándo, a qué horas y donde, porque la instauración del reino lleva su tiempo y su eficacia.

Otra parte que llama mi atención son las mismas palabras de Cristo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella". Esta frase de Jesús me estremece y emociona, al escuchar la palabra enfermedad, inmediatamente viene a mí el coronavirus, y me sorprende como la palabra de Jesús se actualiza aquí y ahora. Esta enfermedad (covid-19) no terminará en muerte, sino que servirá para la gloria de Dios. El coronavirus nos está enseñando muchas cosas, a descubrir en donde vanamente estaban puestas nuestras seguridades, a darnos cuenta que el dinero no sirve de nada, porque tanto ricos como pobres podemos morir de la misma manera, nos está enseñando que vida solo hay una y que en cualquier instante se puede acabar. Y poco a poco, estamos volviendo a Dios, estamos rezando más, orando con más fuerza, porque nos hemos dado cuenta que ya no podemos, que esto sobrepasa nuestro “poder” , poder que en realidad era debilidad, creíamos ser fuertes, hoy nos damos cuenta que absolutamente todos somos débiles. Dios de los males saca bienes, eso siempre lo hemos sabido, y hoy lo constatamos, porque este virus nos está volviendo una vez más a ser más humanos, más hermanos, más preocupados y amigos por los demás.

En el mismo evangelio menciona Jesús algo que también me mueve a la reflexión: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero yo voy ahora a despertarlo”.



Cuando el sacerdote celebra la misa de difuntos, en el ritual vienen unas palabras que me encanta recitar: “y que el Señor nos dé la certeza de que no está muerto, sino que duerme; de que no ha perdido la vida sino que reposa, porque ha sido llamado a la vida eterna”. En realidad, aunque Lázaro ya había muerto, para Jesús solo dormía, porque la muerte es eso, dormir a este mundo y despertar a la vida nueva. Aun así, sorprende como Jesús llora por su amigo. Llora también al ver la tristeza profunda de las hermanas, llora por esta experiencia de la muerte que todos, incluso Jesús sufrirá. En estos tiempos de enfermedad, de pandemia, en pleno siglo XXI donde nos sentíamos tan avanzados tecnológicamente, sigue la muerte haciéndose presente, ocupando el lugar que le toca en el destino de cada hombre. Cristo sigue llorando la muerte de cada enfermo, de cada perseguido a causa de la fe, sigue llorando por cada uno de sus hermanos asesinados, por aquellos que violentamente se les privó de la vida. Cristo llora porque no quiere la muerte de nadie; Él es la vida, y la vida nunca congenia con la muerte, son opuestas, enemigas, por eso Cristo vence a la muerte.



El relato continua, Cristo al llorar da cuenta de su amor por Lázaro, y por todos nosotros hoy. Pero Cristo tiene un plan, y Marta y María lo saben. Jesús le dice a Marta, "tu hermano resucitará". Las siguientes palabras son también actuales e interpelantes en cualquier situación: Jesus dice “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá y todo aquel que está vivo y cree en mí no morirá para siempre”. Esta Palabra de Jesús es retadora para nosotros hoy. Tenemos miedo a morir, es normal, es humano, tenemos miedo a perder este gran don que es la vida, pero Jesús nos invita a mirar más allá, la verdadera vida se te dará si tienes fe. Y la verdadera vida la da al creer en Jesús, no hay otro camino, no hay otra opción.

Jesús resucita a Lázaro, porque siempre, desde los profetas hasta el último libro de la biblia, la palabra de Dios siempre será de vida: ¡Lázaro, sal de allí! La última Palabra de Dios para cada hombre, para cada hijo, será: Vengan benditos de mi Padre. Así que confío en que, ante este covid 19, afiancemos nuestra fe en la palabra viva y eficaz de Jesús. El llora con nosotros, pero nos acompaña, Cristo nos invita a seguir creyendo y darnos cuenta de que hay que buscar la vida eterna, la trascendencia, la plenitud celestial, pero, sin descuidar la vida terrenal, porque esta vida pasajera (para el no creyente esta vida es lo único que le queda), es un regalo, un don que hay que cuidar, proteger y custodiar. Mientras haya vida hay esperanza, y mi esperanza esta puesta en Jesús.




P. Cesar Campa Campa

















Por ultimo les comparto esta gran canción:





God knows that
That I'll be the one
Standing by
Through good and through trying times
And it's only begun
I can't wait for the rest of my life
When you call on me
(When you reach for me)
When you reach for me
I get wings to fly
I feel that
When you bless, you bless the day
(I just drift away) I just drift away
All my worries die
I know that I am alive, yeah
I get wings to fly, God knows that I am alive