sábado, 9 de abril de 2016

Domingo de Pascua III

Y porque no retomamos de nuevo el Amor en nuestro Dios. Sentirse amado te da la verdadera seguridad, para caminar, para saltar y vencer cualquier obstáculo en la vida. Sentirse amado te hace sensible para perdonar las ofensas de los demás, para perdonarte a ti mismo, para levantarte y continuar. El misterio del amor que habita en todo hombre, es sin duda la presencia real de Dios en medio de la fragilidad humana. Por esto, en todo este proceso de que Jesús se aparezca a sus discípulos, el sentido es devolverles la fe y la esperanza, decirles que la muerte no ha podido contener a aquel que es la Vida. Los discípulos se encuentran cansados, apesumbrados, todo ha ocurrido tan de repente que todavía su mente no lo ha asimilado. Haz muerto, para siempre, no volverás, ahora que hacemos, nos llamaste a seguirte Jesús, ahora, a quien iremos. Vuelven a su actividad, pescar, ganarse el alimento con el sudor de su frente, ser uno mas en el mundo, sintiéndose solos, abandonados, perseguidos y calumniados. Pedro toma la iniciativa, necesita ocuparse para no pensar, necesita estar en un lugar donde el tenga el control, donde se sienta seguro: pescar, el mar, la barca. Los otros discípulos le dicen, nosotros vamos contigo, no nos dejes, ya no eres tu solo, somos uno, como el Maestro lo pedía. Llegan a pescar, pero no han tenido suerte, su esfuerzo a sido en vano, y la tristeza no se ha ido, sino que recobra fuerza, y en medio de esto una voz: ¡Muchachos, no tienen algo de comer! Esa voz, estrujo el corazón de todos los discípulos, esa voz inquieto lo mas profundo del alma. Echen las redes, les comenta este desconocido, pero al cual por alguna razón que ellos nos saben, hay que obedecer. Así lo hacen, y ocurre que el esfuerzo realizado al fin tiene frutos, han pescado, han conseguido lo que de cierta forma esperaban en esta noche, cierta seguridad de alimento, de trabajo realizado y logrado. Pero hay algo mas, alguien, el mas joven, que puede mirar en la profundidad del amanecer, lo reconoce. ¡es el Señor! Cuando todo parece perdido, acabado y derrumbado, siempre habrá alguien que nos refiera a Dios. Todo esta bien, El esta aquí, no te ha fallado, le perteneces, el es Dios. Pedro, se lanza al mar, casi desnudo, porque su Maestro esta aquí. No esta muerto, y los llama. Jesús les prepara el desayuno, les recuerda esa ultima cena donde el iba a entregar su vida para la salvación de todos, la eucaristía, donde todo recobrara sentido. Al final esas palabras, cuestionantes, pero que marcaran para siempre la vida de Pedro y de cada uno de nosotros: ¿Me amas? Pedro ¿Me amas? Si Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te amo. Volvemos al inicio de este escrito: el amor. Amar y sentirse amado, siempre la vida será una cuestión de Amor. El amor motiva, el amor levanta, el amor transforma, el amor vence obstáculos, rompe cadenas, libera, llena de vida y de esperanza realidades ya perdidas o distorsionadas. Desde el amor escucho la voz de Dios, aviento las redes, sabiendo que a pesar del cansancio, el es el que construye la casa, el que nos da la pesca, tu nos darás la paz porque todas nuestras empresas nos las realizas tu. Desde lo cotidiano de cada día, desde las labores que desempeñamos o los papeles que tenemos que jugar dentro de esta sociedad, solo basta una cosa: Amar. La pregunta es también para nosotros, y a veces nuestra respuesta no es la mas fiel ni la mas verdadera. No te inquietes, amar es un proceso, y nos damos cuenta que no nos enseñaron a amar; amar se aprende amando, soltando, dejando que El entre en la profundidad de tu ser de manera definitiva, no a medias, sino completamente, reine en tus sentimientos y emociones. La palabra Amor ha sido ya tan desfigurada en nuestro lenguaje y en nuestra sociedad, pero vemos a hombres y mujeres que le han seguido dando su sentido pleno: amar es escuchar, atender, estar ahí, donarse, entregarse. Los discípulos después del encuentro con el Señor se enfrentarán al mundo y a todo que suene a muerte, a tiniebla, a maldad sin miedo, con valentía. Defenderán la verdad, la justicia y el derecho, defenderán su amor hacia este Cristo, que con su solo nombre pronunciado con fe, liberara para siempre. Hoy, nosotros, nos urge dar una respuesta decidida y comprometida ¿Me amas? Padre Cesar Campa Campa

2 comentarios:

  1. Antes que nada te felicito por tu iniciativa de escribir y sobre todo por compartir tus reflexiones con nosotros. El acto del amor como tal "humaniza" todas nuestras decisiones, nuestros actos, porque como comentas,es un procreso que en ocasiones no estamos dispuestos a seguir. Gracias César por hacernos partícipes en tu camino.

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