jueves, 4 de noviembre de 2010

“No se mata la verdad matando al periodista”

Desde hace aproximadamente tres años hemos constatado en nuestra ciudad una serie de asesinatos injustificados y a la vez crueles. A nivel nacional, la sangre de personas inocentes ha sido derramada en las calles; la sangre de esas personas inocentes reclama justicia. Algunos dicen que el motivo y las causas de esta ola de muerte que no tienen fin, empezó desde que el gobierno decidió abiertamente enfrentar al crimen organizado; nosotros como ciudadanos hemos constatado que ninguna instancia de gobierno ha podido con el problema.

Por eso en este año, el Seminario Conciliar de Ciudad Juárez realiza sus tradicionales altares de muertos, pero no queremos desentendernos de la situación violenta de nuestra ciudad. A todos nos pesa lo que estamos viviendo, nosotros como seminario no somos indiferentes, nos duele cada muerte de cada uno de nuestros hermanos, nos duele que muchas personas pierdan a sus seres mas queridos, nos pesa y concordamos con este sentimiento de impotencia que embarga a toda la ciudadanía. Es por eso que el tema de los altares va referido ha estos hechos.

Como facultad de Teología no queremos que pasen desapercibidas las muertes trágicas de nuestros periodistas. Ellos, hombres y mujeres dedicados a la búsqueda de información, de la noticia, de las notas que solo describen los hechos reales; ellos, ya no pueden ejercer de manera libre y segura su trabajo.

De todos es sabido que hay muchas personas que no quieren que se sepa la verdad, que se investigue, se indague y se revele a los responsables de todo este mal. Todos somos conscientes que muchas personas están involucradas en tales hechos, gobierno, policía, y otras instancias. No podemos tampoco negar que existen personas del mismo gobierno comprometidos por el bien común. Sin embargo, a estas alturas de los acontecimientos nos es difícil distinguir la verdad de la mentira, la honestidad de unos cuantos con la corrupción de muchos. Los periodistas muchas veces sin tomar partido, solo nos comunican los hechos y muchos de esos hechos acusan, por tanto los que se sienten acusados quieren apagar la información, apagar la verdad y matan al periodista. “no se mata la verdad matando al periodista” a fin de cuentas, la verdad saldrá a la luz y los responsables tendrán que pagar aquí en la tierra o a través de la Justicia Divina.

Los hechos en nuestro México hablan por si mismos. Han muerto más periodistas que en la “guerra” de Irak; incluso podemos decir que han muerto mas personas aquí en nuestro país que en Irak a causa del crimen organizado.

Según el periódico el “universal” en la lista de “Asesinados o desaparecidos”, están 38 comunicadores en lo que va del sexenio —diez de ellos en los meses que han transcurrido en 2010—, de acuerdo con estadísticas de Reporteros Sin Fronteras, que contabiliza 69 homicidios de periodistas del 2002 a la fecha y 11 cuyo paradero se desconoce desde 2003. Casi todos están impunes.

Todos tenemos derecho a la información, tenemos derecho a saber todo aquello que pasa en nuestro México, si matan a los periodistas, no habrá quien nos informe, si matan al periodista están atentando contra la verdad, contra la libertad de expresión. Ellos son servidores de la verdad y por hacer esto corren el riesgo de la muerte.

Este altar es al periodista caído. Por eso encontramos primero en la parte central fotos de de los distintos periodistas que han sido asesinados. Destacamos de manera especial a dos periodistas juarenses: José Armando Rodríguez Carreón y Luis Carlos Santiago Orozco.

Todo lo que encontramos en este altar hace referencia a esta noble profesión de los periodistas. Encontramos aquí, una computadora, un escritorio, una maquina de escribir, fotografías de sucesos que se nos han informado a través de los distintos periódicos. El periodista es investigador de la verdad, la busca con ahínco y no se detiene hasta encontrarla.

Los colores que quisimos plasmar hacen referencia a la protesta. Protestamos por la muerte de estos periodistas y por la impunidad. Ningún caso se ha resuelto. La autoridad no ha encontrado a los culpables. Esto ya no puede seguir pasando. Protestamos con los colores rojo y negro, en signo de manifestación en contra de todo este mal, en contra de los responsables y en contra del Estado.

Estos periodistas asesinados y nosotros mismos podemos preguntarnos lo que Job se preguntaba también: “¿Por qué siguen viviendo los malvados, prolongan sus días y se van haciendo fuertes[1]? Ante esta pregunta constatamos que ningún caso a sido resuelto, matan y se van tranquilos sin que nadie los detenga, han perdido el miedo, la conciencia los malvados que quitan la vida y vemos como van prosperando. ¿Qué tenemos que hacer? Estos periodistas asesinados nos han demostrado su valentía, su amor a la verdad, vivir su vocación hasta las ultimas consecuencias, no solo por el sostenimiento de su familia en materia económica, sino por la pasión de hacer lo que les gusta, informar, escudriñar, buscar el hecho, la veracidad y transmitirla.

En nuestras manos esta cambiar las cosas, ya no podemos ver al pasado y reprocharnos lo que no hicimos, es hora de actuar. Que la vida de estos periodistas, su ejemplo y su trágica muerte nos inspire algo; que no sea una muerte más, un número más de ejecutados en nuestra ciudad y en nuestro México.

Esta en nuestras manos levantarnos y proponer, buscar la manera de detener esto, “solo algunos son culpables pero todos somos responsables ante lo que pasa”. ¿Para que dar vida al hombre a quien todos los caminos le están cerrados? Pero, ¿Por qué acusamos a Dios cuando el hombre tiene a su disposición todos los recursos necesarios para levantar a sus hermanos?



[1] Job 21, 7

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